Capitulo V
Son, han sido y serán el alma de este diario. Me apetece en uno de los últimos capítulos de esta serie hablar de los puertorriqueños.
Pobladores de esta Isla, tan de aquí como el coquí. Los Boricuas (habitantes de Borinquen (Puerto Rico)) llevan cosido a su identidad y a su bandera la palabra mezcla. Tainos, españoles, africanos, norteamericanos, corsos, cubanos, ingleses… Los Boricuas son a la vez todas las razas. Todos los colores de piel, todos los tonos de cabello y todas las estaturas caben en un boricua. Todo cabe y nada sobra.
Pero creo que las semejanzas y rasgos comunes que durante estos meses les he podido apreciar se encuentran mucho más en el sitio donde se encuentra su enorme corazón, que en ese exterior que tantas veces sirve para crear grupos, excluir, prejuzgar…
Pero si existiera una condición imprescindible para ser o considerarse boricua, esta sería sin duda la alegría. Un pueblo que durante los meses de mi estancia ha sufrido uno de los periodos más bajos en muchos aspectos de su historia reciente, pero que no ha dejado un solo día de cantar, de hacer música, de bailar y sobre todo de sonreírse y sonreírme.
El boricua sonríe y disfruta, sonríe y vive, sonríe y goza con las cosas más cotidianas o ¿insignificantes?. Un buen desayuno, un buen pastel, una buena salsa y / o por supuesto la compañía y el encuentro con otras personas son motivos más que suficientes para que los labios se tornen cóncavos. El boricua es un ser eminentemente social, se encuentra y se reconoce en torno a símbolos patrios tan humildes pero tan cargados de historia y significado como el arroz con habichuelas o los tostones. En la mayoría de los casos se complementa con una enorme generosidad desinteresada hacia los demás que deviene en muchos casos en una extrema hospitalidad.
El boricua se siente complacido simplemente compartiendo con buena gente y pasándolo bien. Pero si estas personas acuden a su país desde fuera, se interesan por su cultura, folklore, gastronomía, historia etc..el orgullo del boricua se tornan amabilidad y atenciones con el curioso visitante.
En los últimos 5 meses de mi vida, este ha sido el pueblo que me ha tratado, que me ha atendido, que me ha acogido hasta hacerme sentir como en casa. Por lo tanto vaya desde aquí mi enorme agradecimiento a ellos y mi envidia también, porque no, por su capacidad innata para disfrutar en todos los momentos y situaciones de la vida.